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Los niños bahá’ís están siendo acosados en las escuelas iraníes
La persecución de los estudiantes bahá’ís iraníes, que la Comunidad Bahá’í de España lleva denunciando desde hace varios meses, se ha intensificado, y extendido ahora hasta los miembros más vulnerables: los niños y adolescentes.
Los estudiantes bahá’ís de primaria y secundaria de Irán se están viendo sometidos a acosos, vilipendios y a otras formas de abusos intolerables, más aun cuando están siendo perpetradas por aquellos que deberían legítimamente gozar de su confianza: sus profesores y administrativos de sus escuelas.
Jóvenes bahá’ís están siendo forzados a declarar su religión, insultados, humillados, amenazados con ser expulsados (y en algunos casos despedidos sumariamente de la escuela), coaccionados a convertirse al Islam, compelidos a tolerar difamaciones de su fe por parte de instructores religiosos, instruidos (y “examinados”) en “historia iraní”, con textos autorizados que denigran, tergiversan y falsifican insolentemente su herencia religiosa, y advertidos en repetidas ocasiones de que no deben intentar enseñar su religión.
En Kermanshah algunos niños de corta edad fueron llamados por sus maestros y tuvieron que escuchar, ante el resto de sus compañeros de clase, insultos contra la Fe Bahá’í.
Otro estudiante de una escuela de arte fue seguido por las autoridades, hecho preso y apaleado, con los ojos vendados, en tres ocasiones.
Dado el modo y la naturaleza de estos ataques no dejan lugar a dudas de que los bahá’ís de Irán se encuentran ante una nueva oleada de extorsión organizada por las autoridades. Sólo entre los meses de enero y febrero de 2007 se denunciaron cerca de150 incidentes semejantes en diez ciudades de todo el país. Es probable que otros muchos casos hayan quedado sin denunciar.
Si bien los ataques denunciados ocurridos en las escuelas de educación primaria estuvieron dirigidos a niños y niñas por igual, los sucedidos en la educación secundaria apuntaron a las niñas en mucho mayor grado: de los 76 incidentes, 68 fueron contra niñas bahá’ís.
De manera simultánea, en las universidades iraníes el número de estudiantes bahá’ís expulsados sigue aumentando. Ya son cerca de 94 los alumnos bahá’ís despedidos durante el actual año académico.
Al mismo tiempo la prensa gubernamental está publicando una serie de artículos que atacan a la comunidad bahá’í por alentar a los jóvenes bahá’ís a que se presenten a los exámenes de acceso a la universidad para el próximo curso.
El Tribunal Supremo del Cairo niega a los bahá’ís egipcios la obtención del documento de identidad
El Tribunal Administrativo Supremo del Cairo ha negado a dos cuidadanos egipcios la obtención de sus documentos de identidad por sus creencia religiosas. El fallo, que no reconoce el derecho de los bahá’ís a hacer constar su religión (un requisito legal para obtener el DNI), obliga a los creyentes de la misma, a elegir entre mentir para conseguir sus carnés de identidad o quedarse indocumentados.
En abril del año pasado, una de las oficinas de la administración pública retuvo los pasaportes del matrimonio Rania Enayat Roshdy y Hussam Ezzat Musá, por el hecho de que en él constaban como bahá'ís. Ellos denunciaron este hecho ante un juzgado de la ciudad y el juicio resultó favorable a la pareja. Los jueces encargados del caso dictaminaron que aunque el gobierno no reconoce a la religión bahá’í, por no ser una de las tres religiones aceptadas por la Constitución (Islam, cristianismo y judaísmo), sin embargo no puede negar el derecho a los seguidores de esta religión a obtener sus cédulas de identidad, ni a que hagan constar sus creencias en estos documentos.
La reacción de los fundamentalistas, especialmente los representantes de los Hermanos Musulmanes en el Parlamento del país, obligó al Gobierno a presentar una apelación ante el Tribunal Administrativo Supremo para reconsiderar la decisión del tribunal de Alejandría.
Tras meses de espera, finalmente el Tribunal Administrativo Supremo dictó que los bahá’ís pueden obtener sus documentos de identidad si declaran en sus solicitudes unas de las tres religiones reconocidas por el país. Al obligar a los bahá'ís a elegir entre mentir o no tener carné de identidad se está violando los derechos básicos de estas personas, y se atenta contra los principios de la Constitución de Egipto que, aunque sólo reconoce tres religiones (musulmana, judía y cristina), defiende y establece la libertad religiosa.
Con este fallo, el tribunal declara inválidos todos aquellos carnés de identidad en los que aparezca la palabra “bahá’í” en el apartado de religión. De este modo, los 2.000 bahá’ís que residen en Egipto se convierten en indocumentados. No disponer del documento de identidad en ese país está considerado un delito, que está castigado con penas de hasta cinco años de prisión. Si la posesión de ese carné no se puede tener cuenta bancaria, comprar y vender propiedades, beneficiarse de los servicios sanitarios, acceder a un puesto de funcionario ni al sistema educativo, por poner algunos ejemplos.
El caso ha provocado un intenso debate sobre la libertad de creencia y la tolerancia de la sociedad egipcia. Numerosos grupos y asociaciones de defensa de los derechos humanos han expresado su repulsa por la polémica sentencia del alto Tribunal, por considerarla claramente discriminatoria contra la comunidad bahá’í. El director de la Iniciativa Egipcia para los Derechos Personales, Hossam Bahgat, asegura que el gobierno “está obligado a encontrar una solución para los cientos de ciudadanos que no tienen papeles”.
Por otra parte, el veredicto sienta jurisprudencia para permitir futuras discriminaciones hacia otros grupos que no estén reconocidos por la Constitución del país. Los más de 400 artículos, entrevistas y programas suscitados, tanto dentro de Egipto como en otros países árabes, han situado el caso en la vanguardia de los temas candentes.
La representante de la Comunidad Internacional Bahá’í ante las Naciones Unidas, Bani Dugal, ha afirmado: “Lamentamos la decisión del Tribunal ya que viola una amplia parte de las leyes internacionales sobre los derechos humanos y libertad religiosa de las que Egipto forma parte hace mucho tiempo”, y agregó “nuestra esperanza es que ahora el gobierno responda a la reacción de la sociedad y cambie sus leyes discriminatorias, y permita a los bahá’ís que hagan constar su creencia, o que se elimine el apartado de la religión de los documentos oficiales o que consienta que se ponga un raya o la palabra “otra” en la casilla de religión”.
Esta situación acarrea numerosas consecuencias, no sólo para los seguidores de esta religión sino para muchos otros que no profesan las religiones que el estado acepta como válidas. Las autoridades egipcias han acusado a los bahá’ís de que con este caso pretenden buscar el reconocimiento de su religión. Esta acusación en realidad constituye un ardid para soslayar la cuestión principal: que se cumpla la ley y se respete los derechos civiles de los ciudadanos, independientemente de sus creencias.
El gobierno de Egipto no puede denegar un derecho a ciudadanos que son cumplidores de las leyes del país. Aunque esta cuestión tiene sus raíces en la discriminación religiosa (lo bahá’ís de Egipto vienen sufriendo diferentes tipos de acoso desde hace cincuenta años); sin embargo, lo que está en juego no es una cuestión de índole religiosa o teológica, sino la conculcación de los derechos civiles y sociales más básicos de la personas por parte del gobierno y la judicatura. El veredicto es contrario a cualquier principio de justicia, equidad y tolerancia y en realidad atenta contra los principios de cualquier sociedad democrática.
Muchos musulmanes residen en países donde ni la mayoría de la población ni las instituciones religiosas aceptan el origen divino del Islam. Pero ellos esperan que sus derechos como seres humanos y ciudadanos de dichos países sean total y escrupulosamente garantizados. Esto es lo que ahora piden los bahá’ís de Egipto, a saber, que como ciudadanos leales puedan gozar de todos sus derechos civiles.
La Fe Bahá’í, la más reciente de las religiones del mundo, nació en Irán a mediados del siglo pasado. Su fundador, Bahá’u’lláh (1817-1892) afirma, que su mensaje contiene las bases para el establecimiento de la unidad mundial basado en la justicia y en el respeto a la diversidad de todos los pueblos de la Tierra, erradicar los prejuicios por diferencias de credo, raza, género, clase y nacionalidad, velar por los derechos de todas las personas, muy especialmente de los desposeídos, marginados y minorías, universalizar la educación a todos los niños y niñas del planeta, adoptar un idioma internacional auxiliar, crear un tribunal mundial de justicia y cuantos dispositivos garanticen la seguridad de las naciones, la comunicación de las personas y los intereses superiores del conjunto de la humanidad.
Violación de los derechos civiles de los bahá'ís de Egipto
El 16 de diciembre de 2006 el Tribunal Supremo Administrativo de Egipto denegó a un matrimonio, que profesa la religión bahá’í, la posibilidad de obtener sus carnés de identidad por haber hecho constar su religión[1]. En Egipto todos los ciudadanos están obligados a señalar su afiliación religiosa en sus documentos de identidad, y otros documentos similares. De este modo, el alto tribunal confirmaba la política actual del gobierno, que exige optar por una de las tres religiones reconocidas oficialmente, Islam, cristianismo o judaísmo.
El Gobierno de El Cairo ha procurado forzar a los bahá'ís a mentir sobre su creencia religiosa o bien prescindir de sus documentos de identidad; una medida que priva a los creyentes de esta religión del acceso a la mayoría de sus derechos civiles y sociales, desde la educación a la atención médica, y los pone en peligro de ingresar en la cárcel por un periodo de cinco años. Se amenaza así a toda una comunidad religiosa a convertirse en personas indocumentadas o ciudadanos sin derechos, y todo ello sobre la base de sus creencias religiosas.
El Tribunal Supremo respondía así a un recurso presentado por el Gobierno frente a la decisión de una de sala del Tribunal Administrativo, que había reconocido anteriormente el derecho de los afectados, Husam Izzat Musa y Ranya Enayat Rushdy, a hacer constar su religión en sus documentos de identidad[2]. Los tres jueces encargados del caso habían argumentado que:
“Concuerda con los principios islámicos mencionar la religión en este carné a pesar de que sea una religión cuyos ritos no están reconocidos para su abierta práctica, tal como el bahá’ismo [sic] y otros. Por el contrario, éstas [religiones] deben señalarse para que se sepa la condición de su portador y, por consiguiente, que no goza de un estatuto legal, al que su creencia no le da derecho en una sociedad musulmana”
Desde el momento en que se difundió la sentencia del Tribunal Supremo Administrativo, diversas organizaciones egipcias de defensa de los derechos humanos dieron su apoyo a la Comunidad Bahá’í de aquel país en su lucha por reivindicar sus derechos civiles más básicos. De hecho, desde abril de 2006 —cuando comenzó este proceso— han aparecido más de 400 artículos, noticias, comentarios y programas en los medios egipcios y árabes sobre el caso.
Posteriormente, se han unido a las denuncias surgidas desde dentro del propio país las voces de otras organizaciones y defensores de los derechos humanos en otros lugares del mundo. Adjunto a este escrito encontrará una pequeña selección de artículos aparecidos en las últimas semanas en diferentes medios de comunicación.
Es claro que la motivación de esta decisión política, que cuenta ahora también con su correspondiente cobertura judicial, hunde sus raíces en una larga historia de discriminación religiosa. Durante casi cinco decenios los miembros de la Comunidad Bahá’í de Egipto se han visto sometidos por razones de sus creencias a humillaciones de todo tipo, incluyendo el acoso de la vigilancia policial y falsos arrestos.
No obstante, y pese a las graves tergiversaciones que se dan de la Fe bahá’í desde diferentes estamentos de la sociedad egipcia, la cuestión central de este asunto no se sitúa en disquisiciones de tipo teológico, sino en la aplicación de los principios de equidad, justicia y veracidad que resultan fundamentales para los seguidores de todas las religiones y para los que no profesan ninguna, así como en el compromiso de Egipto para con el Convenio Internacional de Derechos Políticos y Civiles.
Artículos publicados por la prensa internacional:
Más información:
-> Persecución de los bahá'ís en Irán
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