| SOBRE
LA DEMOCRACIA
Carta
de la Casa Universal de Justicia a un creyente
En cuanto a su pregunta "¿qué
debo pensar sobre la promoción de una democratización
baha'í?" cabe una respuesta sencilla
y otra más compleja; la Casa de Justicia
siente que es deseable plantear el asunto desde
ambos puntos de vista.
En primer lugar, como bahá'í que
ha rendido numerosos decenios de servicios sobresalientes
a su comunidad, comprenderá que el Orden
Administrativo bahá'í es una parte
integral de la Revelación de Bahá'u'lláh;
se trata de un sistema de concepción divina
que, tal como explicó el Guardián
en La Dispensación de Bahá'u'lláh,
"incorpora dentro de su estructura ciertos
elementos que se encuentran en cada una de las tres
formas reconocidas de gobierno secular, sin ser
en ningún sentido una mera réplica
de ninguna de ellas, y sin introducir dentro de
su mecanismo cualquiera de los rasgos objetables
que poseen inherentemente. Mezcla y armoniza, tal
como ningún gobierno mortal haya logrado
hasta la fecha, las verdades salutíferas
que cada uno de estos sistemas indudablemente contiene
sin viciar la integridad de las verdades impartidas
por Dios sobre las que en última instancia
reposa".
Es tarea continua de los bahá'ís
robustecer su comprensión de los principios
sobre los que se asienta el Orden Administrativo
y mejorar la fidelidad con que plasman dichos principios
en sus actuaciones. A decir verdad, una de las necesidades
específicas de este período del desarrollo
de la Fe es la evolución de las instituciones
nacionales y locales bahá'ís. Por
tanto, si por "promoción de una democratización
bahá'í" quiere significarse la
extensión de una participación responsable
en las tareas de la comunidad por parte de sus miembros,
tal cosa resulta altamente meritoria y debería
convertirse en el quehacer continuo de las instituciones
bahá'ís.
Esta es la respuesta sencilla. Sin embargo, si
lo que se quiere significar es que el Orden Administrativo
Bahá'í debiera alterarse para concordar
más estrechamente con los conceptos actuales
de democracia política, se plantean una serie
de asuntos más complejos. En La Dispensación
de Bahá'u'lláh, Shoghi Effendi enumera
evidencias "del carácter no autocrático
del Orden Administrativo bahá'í y
de su inclinación por los métodos
democráticos en la administración
de sus asuntos", pero ello no justifica que
se proponga cambiar el sistema sentado en los Escritos
de Bahá'u'lláh y 'Abdu'l-Bahá
y las elucidaciones de Shoghi Effendi. Tal esfuerzo,
ya se describa o no como "promoción
de una democratización bahá'í",
sería contrario a las claras enseñanzas
de la Fe. La consideración de las varias
cuestiones específicas mencionadas en su
carta permitirán clarificar esta distinción.
En el segundo párrafo de su carta afirma
usted que entiende que el Orden Mundial Bahá'í
constituye "al menos en un ochenta por ciento
un ordenamiento teocrático-aristocrático".
Dado que el Orden de Bahá'u'lláh es
parte integrante de la Revelación divina
que Él, en tanto Manifestación de
Dios, nos ha dado, se puede afirmar que dicho Orden
es esencialmente teocrático; pero en la medida
en que está desprovisto de toda suerte de
clero o sacerdocio, no se trata en modo alguno de
una "teocracia", en el sentido en el que
suele emplearse y comprenderse usualmente el término.
De modo similar, el rasgo aristocrático
(el gobierno de los mejores), tal como consta en
la Fe, contrasta agudamente con lo que viene a entenderse
por dicho término. Al estar libre de campañas
electorales o de las presiones externas procedentes
de los poderes económicos o de la manipulación
de la prensa, los creyentes procuran elegir como
miembros de sus instituciones de gobierno a las
personas que consideran mejor cualificadas para
tal función. Los miembros electos son entonces
responsables ante Dios y sus conciencias, en vez
de ante quienes les eligen. Sin duda conoce usted
las palabras de Shoghi Effendi en Bahá'í
Administration acerca de la actitud y responsabilidad
de los miembros de las Asambleas:
Los deberes de aquellos a quienes los amigos han
elegido libre y conscientemente como sus representantes
no son menos vitales o vinculantes que las obligaciones
de sus electores. Su función no es dictar,
sino consultar, y consultar no sólo entre
ellos, sino tanto como sea posible con los amigos
a los que representan. No deben verse a sí
mismos bajo luz alguna que no sea la de instrumentos
escogidos para una presentación más
digna y eficiente de la Causa de Dios. Nunca deberían
ser llevados a suponer que son los ornamentos centrales
del cuerpo de la Causa, intrínsecamente superiores
a otros en capacidad o mérito, y los únicos
promotores de sus enseñanzas y principios.
Deberían abordar sus tareas con humildad
extrema, y afanarse, por su apertura de criterio,
su alto sentido de la justicia y del deber, su franqueza,
su modestia, su consagración al bienestar
e intereses de los amigos, de la Causa y de la humanidad,
atraer hacia sí no sólo la confianza,
apoyo y respeto genuinos de aquellos a quienes sirven,
sino también su estima y afecto real. Deben
en todo tiempo, evitar el espíritu de exclusividad,
el clima de secretismo, liberarse de actitudes prepotentes,
y desterrar de sus deliberaciones todas las formas
de prejuicio y pasión. Dentro de los límites
de la sabia discreción, deberían ganarse
la confianza de los amigos, familiarizarles con
sus planes, compartir con ellos sus problemas y
ansiedades, y procurar su consejo y asesoría.
Y cuando hayan de tomar alguna decisión concreta,
deberían, después de una consulta
desapasionada, fervorosa y cordial, volverse a Dios
en oración, y con seriedad, convicción
y arrojo emitir su voto y acatar la voz de la mayoría,
la cual según nos ha dicho el Maestro es
la voz de la verdad, la cual nunca ha de ser cuestionada
y siempre ha de ser acatada de todo corazón.
A esta voz deben responder los amigos con entrega,
y tenerla por el único medio que puede asegurar
la protección y avance de la Causa.
Tal como se indica más arriba, el procedimiento
por el que los creyentes se convierten en miembros
de las instituciones elegidas es democrático.
A buen seguro, es mucho más democrático
que los métodos por los que se eligen los
miembros de una mayoría de parlamentos. El
sistema electoral bahá'í está
enteramente libre del poder y chalaneo de partidos
y facciones y de las manipulaciones que conllevan
los intereses creados. Cada votante, hombre o mujer,
es libre de depositar su papeleta a favor de quienquiera
que escoja.
Incluso en las mejores democracias contemporáneas
el mayor incentivo de las elecciones lo constituye
el deseo de cada político por obtener el
poder a fin de ejecutar el programa que propugna
en particular, una elección que se convierte
en una competición que los candidatos autopromovidos
o bien "ganan" o "pierden".
El electorado es tratado como una masa a la que
debe persuadirse, mediante la retórica o
diversas formas de inducción, a apoyar a
uno u otro candidato. Sin embargo, en el sistema
bahá'í los votantes constituyen la
fuerza activa y el motivo que los impulsa es escoger
a las personas más aptas para servir en la
institución. Las personas elegidas son pasivas
en el proceso electoral (excepto en su papel de
votantes) y aceptan la elección como obligación
para servir a la comunidad en respuesta al deseo
de el electorado. En otras palabras, los sistemas
difieren en su espíritu esencial: uno consiste
en la búsqueda del poder, el otro en la aceptación
de la responsabilidad de servir.
Menciona usted varios elementos que describe como
los principios y valores democráticos más
significativos. Entre ellos la transparencia, la
rendición de cuentas, la libertad de prensa
y el diálogo crítico. También
en este ámbito al igual que el espíritu
que subyace al sistema bahá'í difiere
del que impulsa a la mayor parte de los sistemas
democráticos actuales, del mismo modo difieren
los métodos de plasmación de esos
principios y la actitud de los participantes.
En general cabe decirse que las democracias modernas
se han establecido como resultado de los esfuerzos
tendentes a limitar el poder de la monarquía
absoluta, de las dictaduras, o de ciertas clases
dominantes. A ello ha podido llegarse de forma gradual
a lo largo de los siglos, o de forma tumultuosa,
mediante una serie de revoluciones. De este modo,
incluso cuando han podido establecerse las constituciones
y estructuras democráticas, queda la sospecha
con que se mira a la autoridad en cuanto tal, y
la tensión entre el grado de libertad personal
concedido a los ciudadanos y la imposición
de una disciplina pública suficiente para
proteger al débil contra las pretensiones
egoístas de los fuertes entre la ciudadanía.
La intervención de la transparencia, rendición
de cuentas, libertad de prensa y diálogo
crítico se ve imbuida, pues, de un espíritu
de partidismo que fácilmente se degrada en
la invasión inmisericorde de la intimidad
personal, la diseminación de la calumnia,
la exageración de la desconfianza y el abuso
de los medios de información a manos de intereses
creados. La reacción de quienes intentan
protegerse frente a tales distorsiones del sistema
da lugar al secretismo, la ocultación de
hechos incómodos y el abuso recíproco
de los medios de información: en resumen,
la perpetuación de la falta de armonía
interna del tejido social.
En contraste con estas pautas alimentadas por
antagonismos tradicionales, el sistema bahá'í
se asienta en los ideales de unidad, armonía,
justicia, diversidad y tolerancia, en la construcción
de una estructura administrativa divinamente concebida
mediante un proceso de aprendizaje y descubrimiento
interactivo. Según ya se ha mencionado, el
elemento de lucha por conseguir el poder está
enteramente ausente. De todo miembro de la comunidad
bahá'í, no importa qué puesto
ocupe temporalmente en la estructura administrativa,
se espera que se considere inmerso en un proceso
de aprendizaje, en la medida en que se esfuerza
por comprender y ejecutar las leyes y principios
de la Fe. Como parte de este proceso, se anima a
las Asambleas a que compartan continuamente sus
esperanzas y cuitas y las noticias de los progresos
con los miembros de la comunidad y a que recaben
sus puntos de vista y respaldo. Ni que decir tiene,
hay asuntos tales como los problemas personales
que el creyente comparte con la Asamblea en solicitud
de consejo, las cantidades de las aportaciones de
los creyentes al Fondo y otras muchas, en relación
con las cuales la Asamblea debe guardar estricta
confidencialidad. Al igual que en cualquier sistema
de gobierno justo, debe buscarse y hallarse un equilibrio
adecuado entre extremos. En este sentido, recordará
la declaración de Shoghi Effendi en Bahá'í
Administration:
Recuérdese también que la tónica
dominante de la Causa de Dios no es la autoridad
dictatorial sino el compañerismo humilde,
no el poder arbitrario, sino el espíritu
de consulta franca y amorosa. Nada que no sea el
espíritu de un verdadero bahá'í
puede confiarse en que reconcilie los principios
de misericordia y justicia, de libertad y sumisión,
la santidad del derecho de la persona y entrega
del yo, de la vigilancia, discreción y prudencia
por un lado, y del compañerismo, franqueza
y valor por otro.
Dondequiera que haya problemas de funcionamiento
en una comunidad bahá'í, éstos
suelen remontarse a una falta en la observancia
adecuada de las leyes, principios y métodos
establecidos en los Escritos. La superación
de tales disfunciones forma parte del proceso de
aprendizaje en el que participan todos los bahá'ís
. La meta continua de las instituciones de la comunidad
bahá'í -ya sea mediante el funcionamiento
de las escuelas de verano y los institutos de formación,
mediante el desarrollo de las Fiestas de Diecinueve
Días y las Convenciones Nacionales, o mediante
la interacción diaria y cotidiana de los
amigos- es capacitar a los creyentes de modo que
aprendan a conducir su vida de conformidad con las
Enseñanzas de Bahá'u'lláh,
con mayor conocimiento, sabiduría, unidad
y provecho.
A mayor abundamiento, el Orden Administrativo
Bahá'í también contiene, aparte
de las Asambleas Espirituales, las instituciones
de los Cuerpos Continentales de Consejeros y sus
Cuerpos Auxiliares. Sus esfuerzos, al lado de los
creyentes, la comunidad y las instituciones, van
encaminados a ayudar a mantener el verdadero espíritu
de la Fe, a aconsejar a las instituciones de gobierno
y ayudarlas a alcanzar los elevados ideales dispuestos
ante ellos por Bahá'u'lláh y el Maestro.
Tal como la Casa Universal de Justicia ha escrito
en una carta de fecha 24 de abril de 1972: "La
existencia de instituciones de un rango tan exaltado,
que constan de personas que desempeñan un
papel tan vital, y que no obstante carecen de autoridad
legislativa, administrativa o judicial, y están
enteramente desprovistas de funciones sacerdotales
o del derecho a realizar interpretaciones autorizadas,
es un rasgo de la administración bahá'í
sin parangón con las religiones del pasado".
La Casa de Justicia proseguía comentando
que, sólo conforme vaya creciendo la Comunidad
bahá'í, y los creyentes sean capaces
de contemplar su estructura administrativa libre
del influjo de conceptos de épocas pretéritas,
se entenderá adecuadamente la interdependencia
vital de estos dos brazos de la administración
y el valor de su interacción se verá
plenamente reconocido.
Otros dos asuntos que usted plantea merecen atención.
La elección directa de las instituciones
principales de una sociedad apenas puede considerarse
un principio democrático significativo. En
los Estados Unidos de América, por ejemplo,
el presidente es elegido por un colegio de compromisarios
votados a su vez en comicios elecciones de Estado.
En otros países, el presidente es elegido
por el parlamento, no por el pueblo. Sin embargo,
independientemente de que la elección directa
constituya o no un principio democrático,
no admite aplicarse en la Fe Bahá'í,
puesto que en los Escritos Sagrados se afirma que
la Casa Universal de Justicia debe elegirse mediante
un sistema de elección en tres etapas y que
las Asambleas Nacionales Espirituales deben ser
el resultado de una elección en dos etapas.
Finalmente, cabe mencionar la cuestión
relativa al hecho de que la pertenencia a la Universal
Casa Universal de Justicia quede restringida a los
hombres. Igualmente, es ésta una disposición
que encontramos en los Escritos Sagrados, tal como
lo afirma claramente tanto 'Abdu'l-Bahá como
el Guardián. Debería observarse, a
la luz del principio antes citado, que el ser elegido
para participar en las instituciones de la administración
bahá'í se considera un emplazamiento
al servicio y no un ascenso al poder. Es asimismo
significativo que la propia Casa Universal de Justicia
haya escrito que el hecho de que la pertenencia
a la misma quede restringida a hombres no debe entenderse
como indicio de que éstos sean superiores
a las mujeres o de que el principio bahá'í
de la igualdad de los sexos no sea válido.
Como sabe, es función de la Casa Universal
de Justicia asegurar el establecimiento de la igualdad
del hombre y la mujer, y sin duda es usted consciente
del vigor con el que los bahá'ís están
poniéndolo en práctica. El asunto
fue objeto de discusión algo extensa en una
carta de 31 de mayo de 1988 dirigida a la Asamblea
Espiritual Nacional de los Bahá'ís
de Nueva Zelanda, copia de la cual se adjunta para
su información.
La Casa de Justicia confía en que estos
comentarios ayudarán a resolver la confusión
que según señala le perturba.
Con amorosos saludos bahá'ís:
El Departamento de Secretaría
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