| Desarrollo:
Un desafío para los estudiosos bahá'ís
Farzam Arbab (*)
El nuevo orden mundial cuyo advenimiento fue proclamado
por Bahá´'u'lláh más
de cien años atrás y cuyo establecimiento
es aceptado por los bahá'ís como un
asunto de fe, es total y esencialmente diferente
del presente orden. Ningún arreglo de nuestro
sistema de vida, aun si es realizado por los líderes
más inteligentes y mejor intencionados, puede
convertir uno en el otro. Las palabras de Bahá'u'lláh:
Pronto el orden actual será enrollado,
y uno nuevo será desplegado en su lugar[1].
Claramente indican la validez de este pensamiento.
En otro pasaje Bahá'u'Iláh dice:
Los vientos de la desesperación, lamentablemente,
soplan desde todas direcciones y la contienda que
divide y aflige a la raza humana crece día
a día. Los signos de convulsiones y caos
inminentes pueden discernirse ahora, por cuanto
el orden prevaleciente resulta ser deplorablemente
defectuoso.[2]
Imaginar la nueva civilización mundial que
marcará la madurez de toda la raza humana
como una forma modificada de algunos de los sistemas
actualmente conocidos (una civilización occidental
más o menos espiritualizada, o la transformación
de otras culturas con una nueva tecnología
que sea ecológicamente segura) es simplemente
ignorar la magnitud del cambio que la humanidad
debe experimentar en esta era de transformación.
Las siguientes palabras de Shoghi Effendi nos alertan
para no ser seducidos por las pretenciosas afirmaciones
de una larga y variada cadena de movimientos o por
los momentáneos signos de éxito de
alguna reforma o revolución:
La humanidad, ya sea considerada a la luz de la
conducta individual del hombre o de las relaciones
existentes entre comunidades organizadas y naciones,
lamentablemente se ha desviado muchísimo
y ha sufrido una declinación demasiado grande
como para ser redimida mediante los esfuerzos aislados
de sus mejores gobernantes y estadistas por muy
desinteresados que sean sus motivos, por muy coordinada
que sea su acción, por muy fervorosos que
sean su celo y devoción a su causa. Ningún
esquema que todavía puedan diseñar
los cálculos de los mayores estadistas; ninguna
doctrina que se propongan desarrollar los más
distinguidos exponentes de la teoría económica;
ningún principio que puedan esforzar por
inculcar los más fervientes moralistas suministrarán
en última instancia los cimientos adecuados
sobre los que han de erigirse el futuro de un mundo
aturdido.
Ninguna apelación a la tolerancia mutua
que puedan hacer los que entienden la condición
del mundo, no importa lo apremiante e insistente
que sea, podrá, calmar las pasiones o contribuir
a restaurar su vigor. Ni tampoco ningún esquema
general de mera cooperación internacional
organizada en cualquier sector de la actividad humana
y por muy ingeniosa que sea su concepción
o muy amplio su alcance, logrará erradicar
la causa primera del mal que ha perturbado tan bruscamente
el equilibrio de la sociedad actual. Ni siquiera,
me atrevo a afirmar, la acción misma de inventar
el mecanismo requerido para la unificación
política y económica del mundo - principio
sostenido cada vez más en los últimos
tiempos - podrá por sí sola proveer
el antídoto contra el veneno que progresivamente
va minando el vigor de los pueblos y naciones organizadas.[3]
En otro pasaje, y refiriéndose a las señales
de nuestros tiempos, Shoghi Effendi indica:
Ningún observador imparcial puede ya dejar
de distinguirlos. No puede ser confundido por la
dolorosa lentitud que caracteriza el desenvolvimiento
de la civilización que los seguidores de
Bahá'u'lláh están esforzándose
por establecer. Ni puede ser llamado a engaño
por las efímeras manifestaciones de renaciente
prosperidad, las cuales, por momentos, parecen ser
capaces de detener la influencia destructora de
los crónicos males que afligen a las instituciones
de una edad decadente, Los signos de los tiempos
son demasiado numerosos y apremiantes como para
que se permita equivocar su carácter o disminuir
su significación. [4]
Por supuesto, es importante recordar que estas
palabras no describen un movimiento caracterizado
por el pesimismo o con una tendencia a predicar
la condena y la destrucción. Por el contrario,
los escritos bahá'ís contienen muchas
referencias al futuro glorioso que aguarda a la
humanidad.
La Revelación de Bahá'u'Iláh,
cuya misión suprema no es otra que el logro
de esta unidad orgánica y espiritual del
cuerpo entero de naciones, debería ser considerada,
si hubiéramos de ser fieles a sus implicaciones,
como la señal de advenimiento de la madurez
de la raza humana, No debería ser tomada
como si fuera meramente tan solo otro renacimiento
espiritual dentro de la siempre cambiante suerte
de la humanidad, ni sólo como una etapa más
de la cadena de Revelaciones progresivas, ni tampoco
como la culminación de una serie de recurrentes
ciclos proféticos, sino como la señal
de la última y más elevada etapa en
la estupenda evolución de la vida colectiva
del hombre sobre este planeta. El surgimiento de
una comunidad mundial, la conciencia de una ciudadanía
mundial, el establecimiento de una civilización
y una cultura mundial - todo ello sincronizado con
las etapas iniciales del desenvolvimiento de la
Edad de Oro de la Era Bahá'í - deberían
ser considerados, por su propia naturaleza y en
lo que a esta vida planetaria se refiere, como los
límites últimos en la organización
de la sociedad humana, aunque el hombre, como individuo
y, es más, como resultado de tal consumación,
deberá continuar indefinidamente su progreso
y desarrollo.
Aquel místico, todo penetrante, pero indefinible
cambio, el cual nosotros asociamos con la etapa
de maduración inevitable en la vida del individuo
y el desarrollo del fruto, debe, sí comprendemos
correctamente las expresiones de Bahá'u'lláh,
tener su contraparte en la evolución de la
organización de la sociedad humana. Una etapa
similar, más tarde o más temprano,
debería ser alcanzada en la vida colectiva
de la humanidad, produciendo un fenómeno
aún más sorprendente en las relaciones
internacionales, y dotando a toda la raza humana
de grandes capacidades de bienestar que proporcionarán,
en edades sucesivas, el principal estímulo
que se requiere para el consiguiente cumplimiento
de su alto destino. Tal etapa de madurez en el proceso
del gobierno humano debe, si es que reconocemos
fielmente el grandioso anuncio hecho por Bahá'u'lláh,
quedar identificada para siempre, con la revelación
de la cual El es el Portador.[5]
Bahá'u'Iláh escribe:
Este es el Día en que los más excelentes
favores de Dios han sido derramados sobre los hombres,
el Día en el cual su poderosísima
gracia ha sido infundida en todas las cosas creadas.
incumbe a todos los pueblos del mundo reconciliar
sus diferencias y en perfecta unidad y paz, morar
bajo la sombra del Árbol de su cuidado y
amorosa bondad. Les corresponde aferrarse a todo
aquello que, en este Día, conduzca a la exaltación
de su posición y a la promoción de
sus mejores intereses. Dichosos aquellos a quienes
la gloriosísima Pluma se sintió inclinada
a recordar, y benditos sean, esos hombres cuyos
nombres, en virtud de nuestro inescrutable decreto,
hemos preferido ocultar.[6]
Se puede observar que la Fe Bahá'í
no tiene nada en común con los movimientos
histéricos de fuego y condena que reciben
su impulso del temor. De hecho, ofrece una perspectiva
esperanzadora del futuro. Los comentarios sobre
la impotencia del sistema actual para solucionar
sus problemas tampoco derivan de la arrogancia o
la santurronería. Cualquier observador justo
de la Revelación Bahá'í admitirá
que uno de sus logros más notables ha sido
el establecimiento de una comunidad de seguidores
que no tienen duda aparente de la eficacia de las
soluciones que ofrecen a la humanidad y muestran
una sorprendente fe en sus enseñanzas, pero
que evitan con éxito toda comparación
innecesaria con otros, no juzgan a nadie, no se
consideran a sí mismos salvos y tampoco condenan
a todos los "no creyentes" a la perdición.
Este es el Día en el cual el Océano
de la Misericordia de Dios ha sido manifestado a,
los hombres, el Día en el cual el Sol de
su amorosa bondad ha derramado su resplandor sobre
ellos, el Día en el cual las nubes de su
generoso favor han extendido su sombra a toda la
humanidad. Ahora es el tiempo de alentar y refrescar
al deprimido por medio de las vivificantes brisas
de amor y fraternidad, y por las vivientes aguas
de amistad y caridad.
Aquellos quienes son los amados de Dios, dondequiera
que se reúnan y a quienquiera que puedan
encontrar, deben poner de manifiesto, en su actitud
hacia Dios y en la forma en que celebran su alabanza
y glorificación, tal humildad y sumisión
que cada átomo de polvo bajo sus pies pueda
atestiguar la profundidad de su devoción.
La conversación de estas almas santas debe
estar imbuida de un poder tal que esos mismos átomos
de polvo se sientan estremecidos por su influencia,
Deben conducirse de una manera tal que la tierra
que hollan nunca pueda dirigirles palabras como
éstas: "Yo debo ser preferida antes
que vosotros. Observad con qué paciencia
sobrellevo la carga que el labrador me pone encima.
Yo soy un instrumento que imparte continuamente
a todos los seres las bendiciones que Aquel Quien
es la Fuente de toda gracia, me ha confiado. No
obstante el honor que me ha sido conferido y las
innumerables evidencias de mi riqueza, una riqueza
que satisface las necesidades de toda la creación,
contemplad cuán grande es mi humildad, atestiguad
con qué sumisión absoluta permito
ser hollada por los pies de los hombres..."[7]
Perspectivas del Mundo
La actitud bahá'í con respecto al
futuro del presente orden mundial, lejos de ser
una expresión de pesimismo o arrogancia,
parece originarse en dos grupos de convicciones.
Primero, al mirar el mundo a la luz de las escrituras
bahá'ís no podemos ignorar que el
orden actual está en una condición
más allá de un posible arreglo. Se
necesita de cambios fundamentales en todo aspecto
de la vida humana: en la vida del individuo; en
las relaciones entre los individuos, las comunidades
y las naciones; y en la estructura económica,
social y política del mundo. Este cambio
no ocurrirá gracias al triunfo de alguna
ideología actual sobre otra, sino mediante
el establecimiento de nuevas estructuras, cuyas
premisas básicas serán diferentes
de lo que existe o de lo que se propone hoy en día.
Sin embargo los bahá'ís no condonan
la destrucción y evitan todo movimiento que
tienda a usar métodos destructivos para lidiar
con los peores de los hombres o sistemas. Los bahá'ís
desean construir un nuevo mundo para la edad de
la madurez del hombre y no jugar con sistemas e
ideas que pertenecen a la edad de su niñez.
Los bahá'ís a menudo dicen que el
desafío es construir un edificio nuevo y
diferente y no reparar un edificio cuyos cimientos
están podridos y por tanto debe dejarse derrumbar.
El segundo grupo de convicciones proviene de una
perspectiva muy positiva de la naturaleza humana.
Los bahá'ís rechazan con vehemencia
las teorías que tratan de reducir al hombre
a la situación de un mero animal. Por supuesto,
ven la crueldad, la injusticia, la insaciable sed
de poder pero no aceptan que estos fenómenos
sean inherentes a la raza humana. Aunque estas fuerzas
negativas hayan estado presentes a lo largo de la
historia, nada implica que no puedan ser conquistadas
definitivamente.
Sin embargo, estas fuerzas nunca podrán
ser superadas (aun en empresas altruistas tales
como los esfuerzos por llevar bienestar material
a los pobres y por acelerar el desarrollo) si el
hombre insiste en construir la sociedad sobre la
base del lado animal de la naturaleza. humana. En
una mitad del mundo se ha institucionalizado la
codicia y alrededor de la codicia se ha construido
una poderosa ideología política y
social. En la otra mitad del mundo se ha idealizado
la lucha conduciendo a otra elaborada ideología
social. Los investigadores tienden a estudiar el
comportamiento del individuo y del grupo bajo las
condiciones forzadas de estas sociedades, un comportamiento
que es aprendido mediante sistemas complejos de
educación formal y no formal, y concluyen
que el hombre es básicamente egoísta,
egocéntrico y cruel. Casi todos aceptan la
lucha como algo inherente a la actividad humana
organizada y ven la competencia como la base de
la vida misma. Nos dicen que el desafío es
simplemente aprender a canalizar los deseos egoístas
en favor del bien colectivo. Resulta extraño
que en momentos de extremo idealismo estos grandes
pensadores propongan soluciones tan simplistas a
los problemas de la humanidad: un extremo afirma
que se debe permitir a los hombres vivir en un mundo
de competencia perfecta donde cada uno jala para
sí mismo y que mediante esto, de alguna forma,
logra una sociedad de abundancia dichosa; el otro
extremo propone un régimen totalitario para
toda la humanidad donde cada uno será una
pieza dentro de una gigante maquinaria que sirve
al Dios del Estado.
Por supuesto, los bahá'ís no son
los únicos en rechazar estas perspectivas.
Junto con otros, sostienen que no existe evidencia
real para justificar la perspectiva materialista
de la naturaleza humana. La historia que leemos
en la mayoría de textos no es la historia
de la humanidad, sino la historia de los pocos que
la dominaron. Algún día se rescribirá
la historia y de entre las guerras y luchas, la
crueldad y la miseria se resaltará numerosos
ejemplos de nobleza, integridad, amor y paciente
sufrimiento.
Los bahá'ís creen en el crecimiento.
No se puede juzgar el futuro de un niño por
los errores que comete a medida que crece y descubre
sobre su destino. La humanidad esta recién
surgiendo de su niñez y es capaz de actuar
con mucha más sabiduría de lo que
la historia muestra. Estas palabras de 'Abdu'l-Bahá
son algunas de las muchas que se refieren explícitamente
a este punto:
Todas las cosas creadas tienen su grado o etapa
de madurez. El período de madurez en la vida
de un árbol es el tiempo de su fructificación
... El animal alcanza una etapa de pleno crecimiento
y consumación, y en el reino humano el hombre
alcanza su madurez cuando la luz de su inteligencia
llega a su mayor poder y desarrollo ... Del mismo
modo, existen períodos y etapas en la vida
colectiva de la humanidad. En momento dado ella
pasó por su etapa de niñez; en otro,
por su período de juventud; pero ahora ha
entrado en su largamente anunciada fase de madurez,
cuyas evidencias se manifiestan por doquier ...
Lo que fuera aplicable a las necesidades humanas
en la temprana historia de la raza no puede cumplir
ni satisfacer las demandas de este día, de
este período de innovación y consumación.
La humanidad ha emergido de su anterior estado de
limitación y de adiestramiento preliminar.
El hombre ha de estar ahora investido de nuevas
virtudes y poderes, de nuevas pautas morales, de
nuevas capacidades. Nuevos dones y dádivas
le esperan y descienden sobre él. Las gracias
y bendiciones de su juventud, aunque apropiadas
y suficientes durante la adolescencia de la humanidad,
son ahora incapaces de satisfacer los requerimientos
de su madurez.[8]
De aquí que resulte aparente que la visión
bahá'í del cambio tiene su origen
en una fe inmutable en el potencial del hombre.
Los bahá'ís creen que es posible construir
una civilización donde no se considere normal
la lucha y la competencia: que la humanidad puede
aprender a encontrar satisfacción no en los
placeres triviales de la vida, en el sentimiento
de superioridad y dominio sobre otros, en la destrucción
de la naturaleza y de todo lo que rodea al hombre,
sino más bien en el crecimiento espiritual
que, a diferencia del crecimiento material, es infinito,
ilimitado e indestructible. Sin embargo, no se logrará
tal crecimiento si la humanidad es abandonada a
sus propios recursos. No se aprende la espiritualidad
del estudio científico de la naturaleza o
de la sociedad actual. Todo individuo debe nacer
en una sociedad que lo ayude a desarrollar su verdadero
potencial, debe ser nutrido y educado por amor en
el seno de una familia y de una amorosa comunidad,
y debe vivir en un sistema que recompensa y castiga
con justicia y con amor. El orden mundial actual
ofrece exactamente lo contrario. Se debe extender
gradualmente un nuevo orden mundial en su lugar.
La dificultad radica en el hecho de que este nuevo
orden mundial tiene que ser construido por hombres
y mujeres que nacen en el orden actual y que llevan
sus cicatrices. Un elemento esencial de la Fe Bahá'í
es que, a pesar de todo, los bahá'ís
cumplirán esta tarea dentro de las próximas
generaciones.
Las Instituciones Bahá'is en el
Desarrollo
Una discusión sobre el involucramiento de
las instituciones bahá'ís en proyectos
de desarrollo debe incluir alguna referencia a las
condiciones actuales del mundo, como base para los
argumentos subsiguientes dado que la eficacia de
tina cura depende sobre todo de la naturaleza del
diagnóstico inicial.
Las condiciones materiales del mundo son muy penosas.
Por lo menos ochocientos millones de personas viven
en pobreza total al borde de la inanición.
Cientos de millones de otros son muy pobres pero
sobreviven. Mientras la población mundial
crece exponencialmente, la producción de
alimentos no mantiene el paso: se está incrementando
rápidamente la brecha. En la mayor parte
del mundo, del cuarenta al sesenta por ciento de
las muertes ocurren entre niños menores de
cinco años, y el sesenta a setenta por ciento
de los niños está desnutrido. Mil
millones de personas en el mundo sufren de ascariasis,
seiscientos millones de anquilostomiasis y cuatrocientos
millones de tracoma. El significado de estos datos
es por supuesto relativo dado que la mortalidad
infantil ha sido siempre alta y que los parásitos
han formado parte de la existencia del hombre casi
desde el comienzo. Lo que resulta penoso es que
a pesar de que las soluciones para la mayoría
de estos problemas se conocen desde hace muchos
decenios, no se están aplicando estas soluciones
para el beneficio de la generalidad de la humanidad.
Estos datos adquieren un significado especial cuando
hacemos comparaciones con los datos de distribución
de las muertes y las enfermedades. En el África
tropical, doscientos de cada mil nacidos mueren
antes de cumplir un año, en Asia ciento treinta
de cada mil y cien de cada mil en América
Latina. Por el contrario en los Estados Unidos y
en los países europeos sólo mueren
dieciséis de cada mil recién nacidos.
Hace algunas décadas nos referíamos
a la mayoría de los países fuera de
Estados Unidos y Europa como países subdesarrollados.
Surgió cierta sensibilidad y se cambió
la palabra por "en desarrollo" con el
fin de enfatizar aspectos mas positivos. No importa
qué palabras usemos, existe una clara implicancia
de que desarrollo significa acercarse al estado
en que ya se encontraron las naciones industrializadas.
Al centrar su atención en el mejoramiento
de las condiciones materiales, los bahá'ís
deben evitar las trampas asociadas a la categorización
de los pueblos. El discurso bahá'í
sobre desarrollo debe apartarse de los otros en
la etapa primera de definición de conceptos
y palabras y de clasificación de problemas.
Las comunidades bahá'ís en todo el
mundo, son todas miembros iguales de la Comunidad
Mundial. Nunca debe ocurrir que los bahá'ís
consideren subdesarrollados a algunos de sus hermanos,
como si la pobreza material tuviera algo que ver
con el desarrollo de un ser humano. Si uno deseara
usar el concepto de subdesarrollo sería mucho
más realista considerar a la tierra un planeta
subdesarrollado, donde una minoría disfruta
de gran comodidad material, mientras la mayoría
vive en la pobreza absoluta.
Dentro de esta concepción de subdesarrollo,
el diagnóstico de la situación del
mundo tiene que cambiar drásticamente. Si
bien la pobreza material es muy penosa, sus implicancias
no son comparables con aquellas de la desesperanza
total, que es un estado en el cual se hunden progresivamente
las masas de la humanidad, bajo el yugo de la opresión
y la crueldad calculada. Mucho más serio
que la mortalidad infantil, es el número
creciente de niños que son privados del don
de crecer dentro de una familia cohesionada y que
están condenados a ser formados en una atmósfera
de violencia o en la frialdad de una sociedad desprovista
de amor y afectos. Infinitamente más doloroso
que la muerte misma resulta la matanza, las crueldades
que ahora se aceptan como normales y que se dan
por descontadas. ¿No es, después de
todo, el continuo estado de guerra (mediante cuyos
elaborados ardides finalmente se canalizan los frutos
del trabajo de millones de seres humanos para construir
instrumentos de guerra) una de las causas básicas
del hambre y la pobreza? ¿Existe acaso, entre
las condiciones materiales del mundo, algo tan horrendo
como el fuego del prejuicio y el odio que arde en
los corazones de los hombres ya sea que se trate
de un prejuicio racial, religioso, nacional, de
clase o sexual, o se trate del sutil pero ampliamente
difundido prejuicio de indiferencia y paternalismo
de parte de aquellos llamados educados hacia las
grandes masas de la humanidad? El diagnóstico
de las condiciones del mundo, realizado por Shoghi
Effendi. décadas atrás, es muy esclarecedor
en la medida que estas condiciones no han mejorado,
sino que, se han empeorado constantemente.
Dios mismo, de hecho, ha sido desalojado del corazón
de los hombres, y un mundo idólatra apasionada
y clamorosamente saluda y adora los falsos dioses
que sus propias fantasías ociosas neciamente
han creado, y sus erradas manos han exaltado tan
impíamente. Los principales ídolos
del profanado templo de la humanidad no son sino
los tres dioses del Nacionalismo, Racismo y Comunismo,
ante cuyos altares, en diversas formas y en diferentes
grados, hacen culto gobiernos y pueblos, ya sean
democráticos o totalitarios, estén
en paz o en guerra, sean del oriente o del occidente,
cristianos o islámicos. Sus sumos sacerdotes
son los políticos y los hombres del mundo,
los presuntos sabios de la época; su inmolación,
el cuerpo y la sangre de las multitudes sacrificadas;
sus conjuros, temas gastados y fórmulas insidiosas
e irreverentes; su incienso, el humo de la angustia
que asciende de los adoloridos corazones de quienes
han perdido sus seres queridos, de los mutilados
y de quienes han quedado sin hogar.
Las teorías y políticas, tan erróneas
y perniciosas, que deifican el estado y exaltan
la nación por encima de la humanidad, que
tratan de subordinar las razas hermanas del mundo
a una sola raza, que discriminan entre los negros
y los blancos y que toleran la dominación
de una clase privilegiada sobre todas las demás:
éstas son las oscuras, falsas y aviesas doctrinas
por las cuales tarde o temprano cualquier hombre
que crea en ellas debe incurrir en la ira y castigo
de Dios.[9]
Por supuesto, todo grupo preocupado por el desarrollo
de un pueblo tiene que estar, al tanto de los esfuerzos
de otros grupos con los cuales debe necesariamente
interactuar. En muchos de los países en desarrollo
existen amargas divisiones por ideologías
e, independientemente de la posición oficial,
existen grupos y proyectos con una variedad de objetivos
sociales y políticos. La mayor división
es claramente aquella entre los puntos de vista
capitalista y marxista, pero esta división
no es sencilla. Constantemente de acuerdo a los
intereses específicos de los grupos y las
oportunidades del momento se llevan a cabo extrañas
alianzas. Entre los sentimientos del capitalismo
extremo y el del más fuerte comunismo, existen
cientos de escuelas de pensamiento ligeramente diferentes
que llenan un espectro de opiniones y crean confusión
ideológica en el observador. Aún los
grupos religiosos que trabajan en programas de desarrollo
se colocan confortablemente dentro de este espectro
apareciendo a menudo reconciliados con las perspectivas
más materialistas.
En lo que se refiere a modelos de desarrollo alternativos,
no existe una gran diferencia entre estas ideologías
como pretende su propaganda. A riesgo de resultar
simplista, uno podría decir que el concepto
básico de la ideología capitalista
es la libre competencia. En su versión más
extrema predica que la sociedad alcanzará
un orden perfecto y prosperidad si todo individuo
está libre para competir económicamente
y que, de alguna manera, todas las fuerzas generadas
por los individuos y grupos en competencia producirán
un delicado equilibrio social. En tal sociedad las
necesidades y los deseos de los hombres dictarán
las decisiones finales acerca de qué producir,
cuanto, por quién y para quién básicamente
mediante intrincadas relaciones de las leyes de
oferta y demanda. Por supuesto, la acumulación
de riqueza es de gran importancia. El capital significa
inversión; significa el desarrollo de estructuras,
de tecnología y de otros factores que conducen
a más acumulación de riqueza. Este
capital, poseído en forma privada por individuos
o grupos, es considerado como la riqueza siempre
creciente de una nación, dado que en un estado
de competencia perfecta todos tendrán la
oportunidad de disfrutar los beneficios ofrecidos
por una sociedad próspera.
El marxismo, que se basó originalmente en
las observaciones de las condiciones inhumanas de
los trabajadores en Europa durante el siglo pasado,
afirma que el trabajo es el factor principal en
el proceso de producción y por lo tanto debe
recibir prioritariamente sus beneficios. Por supuesto,
dentro del marxismo no se niega la importancia del
capital. El propósito de un país comunista
también es la acumulación de riqueza
pero serán los trabajadores los dueños
de toda la riqueza. En la práctica esto significa
que el Estado, que representa claramente al proletariado,
es el propietario soberano ante cuya voluntad debe
estar subordinada toda voluntad individual. Más
aun, los filósofos marxistas afirman que
el tema básico de la historia es la lucha
de clases y que prácticamente todo puede
ser explicado dentro de este contexto. Los buenos
en esta lucha son los proletarios que por cualquier
medio posible deben imponerse y abolir las otras
clases. Una vez que el proletariado haya triunfado
completamente, de alguna forma se establecerá
una sociedad de hermandad e igualdad absolutas y
los problemas de la humanidad terminarán
para siempre.
El propósito de esta descripción
tan simple es sostener que las dos ideologías
no difieren enormemente y que sus metas son más
bien muy similares. Todo el espectro de opiniones
desde el capitalismo extremo hasta el comunismo
extremo identifican el desarrollo, explícita
o implícitamente como un proceso continuo
de crecimiento material y el tema básico
de todos los argumentos es cómo lograr el
bienestar material. De todos los diferentes procesos
de la vida humana se señala que el más
importante es el de la producción de bienes
y se hace un intento por organizar la sociedad alrededor
de este proceso.
Los bahá'ís no son ascetas y el bienestar
material de la humanidad constituye también
una de las metas del orden mundial que esperan construir.
Sin embargo, los bahá'ís afirman que
sólo se puede lograr esta meta, si es que
se la emprende a la par de otros objetivos, muchos
de los cuales son puramente espirituales. Resulta
esencial, entonces, que todo grupo de bahá'ís
que se dedica al logro del bienestar material de
un pueblo, debe evitar cuidadosamente las estrategias,
métodos e instrumentos que llevan consigo
las fuertes y muchas veces ocultas filosofías
materialistas que inherentemente resultan irreconciliables
con el punto de vista bahá'í.
Durante las últimas décadas, el desarrollo
ha sido casi exclusivamente definido como modernización:
un cierto número de estrategias relacionadas
a la industrialización y medidas en términos
de las condiciones macroeconómicas y las
tasas de crecimiento. Se ha asumido que el crecimiento
se alcanza exclusivamente siguiendo el camino de
las naciones industrializadas.
Sin embargo, en la medida en que se ha dispuesto
de datos resulta cada vez más claro que estos
esquemas tradicionales han sido verdaderos fracasos.
Con la excepción del primer grupo de naciones
industrializadas y luego Japón, sólo
se ha logrado crecimiento a costa de crear y consolidar
más pobreza. Muchos analizan la situación
en términos muy duros acusando a uno u otro
grupo o factor de ser causante de las desigualdades
existentes. Aun las acusaciones más suaves
en la literatura del desarrollo afirman que "el
desarrollo" ha dividido a la población
de la mayoría de países en por lo
menos dos sectores separados: un pequeño
sector moderno que vive bajo las mismas condiciones
que las naciones industrializadas y acaricia las
mismas perspectivas y aspiraciones, y una gran mayoría
en el sector rural o en el proceso de migración
a los barrios marginales urbanos. Esta mayoría
debe dedicar casi todo su tiempo a la subsistencia
y sufre siempre de grandes necesidades de alimentos,
ropas y vivienda. La modernización, como
la definen los materialistas, no ha traído
prosperidad a la humanidad. Sencillamente ha logrado
que una pequeña fracción de la humanidad
sea más rica y posea mayor bienestar.
Mientras algunos observadores sostienen que la
prosperidad lograda en los Estados Unidos y en Europa
justifican seguir este camino, sus opositores afirman
que en aquellos países nunca se superó
la pobreza; ésta fue simplemente desplazada
mediante esfuerzos imperialistas, a otros países
y continentes. Ellos afirman que el precio por el
mejoramiento en las condiciones de las masas oprimidas
de Europa, fue nada menos que un número-mucho
mayor de seres humanos de Asia y África que
viven ahora bajo condiciones mucho peores. No es
nuestra tarea decidir la validez de tales argumentos
históricos, pero cualquiera hayan sido las
razones para la prosperidad de ciertas naciones,
es un hecho que este milagro no se está repitiendo.
Peor aún, las naciones industrializadas enfrentan
cada día una crisis mayor y la fibra misma
de sus sociedades parece estar desintegrándose.
Hace un par de décadas algunos líderes
y expertos preocupados empezaron a darse cuenta
de que los indicadores de crecimiento macroeconómico
no daban mucha información sobre la condición
de los pobres. Subsecuentemente, se fijaron más
de cerca en la estructura de servicios ofrecida
a la mayoría de los habitantes -en la mayoría
de países. De estos cuidadosos análisis
nacieron nuevos programas de desarrollo. Estos programas
se preocupaban directamente del bienestar de los
pobres y trataban de apartarse de la afirmación
simplista de que la industrialización producía
puestos de trabajo, los puestos de trabajo traían
consigo prosperidad y el dinero gastado en grandes
sumas goteaba, trayendo de esta manera mejores condiciones
materiales para todos.
Algunas universidades desempeñaron roles
importantes en la formulación de estos programas
nuevos. Reconociendo que los servicios y acciones
descoordinados de diferentes organismos, cada uno
preocupado con sólo un aspecto del desarrollo
(por ejemplo: salud, educación, producción
u organización política) eran ineficientes,
estas universidades formaron grupos interdisciplinarios
para estudiar los problemas del desarrollo. A menudo
se enfatizó la importancia de programas de
desarrollo integral y se pusieron de moda palabras
como "bienestar", "calidad de vida",
y "desarrollo integral de la comunidad".
Se formaron un gran número de grupos interdisciplinarios
en muchos lugares del mundo. Inicialmente, pasaron
por muchas dificultades relacionadas a la falta
de entendimiento entre disciplinas e instituciones.
No fue fácil lograr una filosofía
común y aun en los casos en los que aparentemente
se había logrado llegar a un acuerdo, a menudo
éste se quebraba en la medida en que cada
institución trataba de captar la mayor cantidad
de recursos para sus propios planes de acción.
Muchos de los grupos nunca lograron pasar esta prueba
inicial, pero los pocos que sobrevivieron tuvieron
éxito en demostrar algunos de los méritos
con los planes de desarrollo interdisciplinario
e integrado. De hecho, se generó suficiente
entusiasmo como para que algunos gobiernos adoptaran
proyectos de desarrollo rural integrales a gran
escala, con el fin de cerrar la brecha entre los
sectores moderno y tradicional en sus países.
Desafortunadamente, en la medida en que se conocen
los resultados de estos proyectos, resulta evidente
que la brecha no se está cerrando y que en
algunos lugares se está ampliando.
En forma paralela a estos esfuerzos, estas mismas
décadas vieron el nacimiento de un creciente
número de organizaciones de base que consideran
insuficientes los esquemas de desarrollo de arriba
hacia abajo y trabajan directamente con aldeas y
vecindarios pobres de la ciudad. "Estos grupos
representan muchas ideologías diferentes.
Algunos están directamente involucrados en
la organización política, de tal manera
que pueden pedir a los gobiernos mayor justicia
y mejores servicios o pueden oponerse al sistema
y llevar a cabo la revolución. Otros tratan
de trabajar en las áreas técnicas,
en la organización de cooperativas, en la
capacitación de trabajadores comunitarios
o en la difusión de soluciones tecnológicas
a los muchos problemas que enfrentan las comunidades
rurales y urbanas. Debido al trabajo de muchos de
estos grupos se ha puesto de moda la frase "participación
comunal" en todos los programas y grandes organismos
internacionales. Se ha puesto mucho esfuerzo en
la elaboración de esquemas de participación
mediante el establecimiento de la retroalimentación
en los programas que ofrecen servicios a la comunidad,
mediante la insistencia en la contribución
de la comunidad, ya sea en trabajo o bienes, llevando
a la comunidad a lo largo del proceso de diagnóstico
de sus propios problemas u otorgándole voz
en la planificación de los programas de desarrollo.
La acción local en pequeña escala,
que es tan valiosa como los métodos de participación
para el trabajo futuro en desarrollo, no ha llevado
a una gran mejoría en la calidad de vida
de las masas pobres de la humanidad. Aunque muchos
de estos grupos se plegaron a los conceptos de tecnología
apropiada que se convirtió en un movimiento
mundial, su efecto fue insignificante comparado
con el proceso de desintegración que avanza
tan rápidamente en todos los niveles de la
sociedad humana. Schumacher[10] autor de Small is
Beautiful, quien propuso la tecnología intermedia
(en oposición a la tecnología enorme
y compleja de las naciones industrializadas), para
los países en desarrollo, dio al movimiento
de tecnología -apropiada un gran ímpetu.
Dado que "intermedia" sonaba de segunda
clase la palabra fue luego cambiada por "tecnología
apropiada". Por supuesto, el criterio de lo
apropiado es difícil de determinar y se han
propuesto muchas concepciones alternativas. Entre
los muchos esquemas diferentes que se probaron sin
éxito espectacular están: tecnología
de trabajo intensivo, tecnología simple y
tecnología basada en recursos locales disponibles.
Muchos piensan que el movimiento ha degenerado en
la venta de tecnología de segunda mano de
parte de las naciones desarrolladas y en la sugerencia
de soluciones parciales o malas a las complejas
situaciones de pobreza. Sin embargo, no se puede
negar que los esfuerzos han conducido a un mayor
conocimiento de los procesos de desarrollo y a ciertas
alternativas tecnológicas.
Los comentarios presentados hasta aquí sin
duda desanimarán a muchos. No obstante, el
propósito ha sido sólo destacar el
contexto general dentro del cual se tiene que llevar
adelante los proyectos de desarrollo bahá'í
y advertir los peligros de iniciar acciones aisladas
sin también analizar las implicancias filosóficas
y espirituales. En realidad, mi propósito
es alentar los esfuerzos hacia cualquiera de estos
campos de acción, investigación y
estudio que tienen relación con el desarrollo.
En términos generales pongo en consideración
los siguientes puntos para aquellos que desean involucrase
en proyectos de desarrollo bahá'í:
1.-Se debe evitar la tendencia a tratar el desarrollo
como un producto que se entrega o se vende a la
gente. El desarrollo es un proceso mediante el cual
se debe incrementar las capacidades de la gente
para dirigir el cambio y monitorear su propio progreso.
Este proceso debe llevar a una condición
del mundo en la cual los habitantes de diversas
regiones con diferentes recursos y cultura puedan
interactuar como iguales en vez de un mundo en el
cual algunos siempre dependen de las acciones caritativas
y programas organizados por otros.
2.-De aquí, se sigue que la participación
es inherente al proceso de desarrollo y que un proyecto
de desarrollo que no incremente el grado de participación,
del pueblo en la dirección de sus propios
asuntos no tendrá significación. Es
esencial que los bahá'ís entiendan
la participación en estos términos
y no como maneras de involucrar a las personas en
un número de programas y acciones preconcebidas.
A este respecto el principio de la consulta, que
es tan esencial en la vida de la comunidad bahá'í,
tiene un significado especial. Me atrevería
a decir que ningún proyecto de desarrollo
bahá'í debe ser lanzado sin haberse
asegurado de la existencia de mecanismos de consulta
constantes y continuos con aquellos quienes se beneficiarán
del proyecto,
3.-Participación es una palabra vacía
sin la organización de la comunidad. Rara
vez lograremos algo más que una participación
simbólica (utilizada tanto por los buenos
como por los malos líderes para lograr fines
predeterminados) a no ser que se creen estructuras
dentro de las comunidades y se fortalezcan para
institucionalizar y proteger la participación
individual en la toma y en la ejecución de
decisiones. En este sentido los bahá'ís
del mundo han estado involucrados en proyectos de
desarrollo por más de medio siglo y en todo
el mundo han trabajado diligentemente para establecer
las bases para tal estructura de la comunidad. La
estructura en desarrollo gradual de las Asambleas
Espirituales Locales y sus comités, conectados
con los comités nacionales y regionales de
las Asambleas Espirituales Nacionales, es la respuesta
procurada por cientos de grupos en búsqueda
de una organización viable de la comunidad
para el desarrollo. Por lo tanto, es indispensable
que todos los proyectos bahá'is fortalezcan
esta estructura en los niveles local, regional y
nacional, que trabajen a través de ellas
y las ayuden a desarrollar su potencial.
4.-Un segundo elemento indispensable, sin el cual
una participación significativa es imposible,
es el aprendizaje y el acceso al conocimiento. Esto
no es lo mismo que decir que la capacitación
es un componente necesario de todo proyecto de desarrollo.
Demasiados programas mundiales han decidido que
los pobres sólo necesitan capacitación
para llevar a cabo tareas específicas de
producción o de servicios sencillos dado
que, aparentemente, allí radica la mayor
necesidad de los países en desarrollo. Sin
embargo, una pequeña reflexión nos
muestra que para la vasta mayoría de seres
humanos la capacitación para llevar a cabo
órdenes sin el acompañamiento de un
desarrollo espiritual e intelectual sólo
consolida la división actual entre sectores
moderno y tradicional. Los programas que se contentan
meramente con capacitación en alfabetización
o simplemente capacitación vocacional asumen
que las decisiones sobre el desarrollo futuro de
la mayoría de las personas será tomada
por un pequeño grupo seleccionado que, en
general, es ajeno a las poblaciones en desarrollo.
Un principio de la Fe Baháí es que
toda persona debe capacitarse en oficios y profesiones
útiles, pero la marca de desarrollo de una
persona es sin duda el logro del verdadero entendimiento.
Aunque esto pueda sonar muy exigente, me gustaría
sugerir que no podemos decir que un pueblo está
hollando su propio camino de desarrollo a no ser
que de alguna manera esté participando en
un proceso de aprendizaje común, en la generación
de conocimiento sobre sí mismo y lo que lo
rodea y en la aplicación de su conocimiento
acumulado, como también de aquel de otros
pueblos, con el fin de buscar grados más
altos de bienestar material y espiritual.
5.-En el centro del proceso de desarrollo se encuentra
el bienestar del ser humano y no así indicadores
abstractos de progreso económico y social.
Dividir la vida del ser humano en áreas separadas
y mutuamente excluyentes, lo material versus lo
espiritual, el individuo versus la familia y la
comunidad, la producción versus la calidad
del medio ambiente, la salud, el ingreso, la vivienda,
el trabajo, el ocio, la educación formal
y no formal, puede resultar conveniente para la
planificación a cierto nivel, pero si la
llevamos muy lejos esta división nos lleva
a una confusión total en el nivel de la comunidad.
Una manera mucho más innovadora y útil
para diseñar un proyecto de desarrollo es
considerar las interacciones de una serie de procesos
interrelacionados que necesariamente deben ocurrir
dentro de cualquier población. Algunos de
estos procesos se deben acelerar y gradualmente
se debe construir las instituciones para su consolidación.
Se debe frenar otros procesos relacionados con,
la desintegración de la sociedad humana y
otra serie de nuevos procesos debe ser puesta en
marcha. Algunos ejemplos de los procesos de desarrollo
son la organización de la producción,
el mejoramiento de los canales del mercado de la
distribución, la creación y adaptación
de tecnología, la educación de los
recursos humanos de acuerdo a las necesidades y
aspiraciones sociales, el fortalecimiento de la
familia, el fortalecimiento de las estructuras sociales
(especialmente aquellas relacionadas al proceso
de toma de decisiones), el enriquecimiento de la
cultura y la creación y mejoramiento de los
servicios básicos tales como educación,
salud, o bienes y servicios.
6.-En este momento de la historia de la humanidad,
la intervención en muchos de estos procesos
de desarrollo, es virtualmente imposible y sólo
puede llevar a la frustración total. El desarrollo
de una aldea o de una pequeña región
no puede ser considerado en forma aislada de las
condiciones macro de la totalidad del mundo. Los
cambios necesarios para el logro del bienestar de
la humanidad deben ocurrir a nivel nacional e internacional
como también al interior de la comunidad
local. Colocar toda la tarea del desarrollo sobre
los hombros de la comunidad local, que por lo general
tienen acceso a escasos recursos y dejar de lado
las muchas restricciones impuestas por las condiciones
del. mundo, es pedir demasiado a las sufridas masas
de la humanidad. La justicia y la paz son pre-requisitos
para el bienestar material y ningún esfuerzo
local puede eliminar todas las restricciones impuestas
por un mundo en guerra y por las prevalecientes
condiciones de injusticia social.
7.-Sin embargo, la afirmación anterior no
implica que los bahá'ís no puedan
llevar a cabo acciones significativas a nivel local
y regional, De los procesos antes mencionados es
la educación de los recursos humanos para
el desarrollo la que debe preceder todo otro intento
de lograr el bienestar material o espiritual de
la población. Se debe poner en marcha un
proceso de educación universal dentro de
todas las poblaciones para incorporar la educación
material como también la espiritual. Este
proceso que gradualmente debe involucrar a todo
habitante de la región, independientemente
de su credo o posición social, lejos de ser
un esfuerzo meramente académico, debe convertirse
en un proceso dinámico donde la población
aprende sobre su propio camino de desarrollo, sobre
los procesos de la vida individual, familiar y comunal,
sobre las raíces de su pasado, su naturaleza
y sus direcciones presentes y futuras. El propósito
básico de esta educación universal
es educar, dentro de la población, a los
recursos humanos necesarios para llevar a cabo el
cambio; un número suficiente de hombres y
mujeres con una variedad de destrezas y capacidades
que tengan conciencia de las grandes dificultades
que conllevan las tareas que tienen ante ellos,
pero que estén decididos a conducir a la
comunidad a través de las etapas sucesivas
de desarrollo, a pesar de las grandes turbulencias
de esta edad de transición.
Si aceptamos que la siguiente etapa de involucramiento
de la comunidad bahá'í en el campo
del desarrollo es ampliar sus esfuerzos en la construcción
de estructuras comunitarias locales y nacionales
para poner en movimiento procesos de educación
universal dentro de poblaciones específicas
y, en la medida en que se reconozca totalmente la
importancia del conocimiento, del aprendizaje y
de la conceptualización dentro del proceso,
el rol especial de los estudiosos bahá'ís
en los esfuerzos futuros, se hace crecientemente
aparente. Se debe crear, fortalecer y expandir continuamente
la comunidad de estudiosos. Esta comunidad debe
traer conocimiento de una amplia variedad de campos
que atañen a los problemas del desarrollo.
Los profesionales en salud, en agricultura, en diversas
ramas de la ingeniería, las ciencias naturales,
la economía, sociología, antropología,
educación y comunicación pueden contribuir
a la ampliación del entendimiento de los
abundantes y complejos asuntos del desarrollo. Sin
embargo, es importante que estos estudiosos que
van a ayudar a la totalidad de la comunidad bahá'í,
analicen y entiendan que los procesos de desarrollo
que van a poner en movimiento dentro de poblaciones
específicas deben estar totalmente libres
le todos los sesgos del mundo intelectual y académico
de la actualidad. El examen de un tópico
tan importante como las características de
una comunidad bahá'í de estudiosos
y, a su vez, de los temas específicos que
ésta tenga que estudiar debe ser de por sí
materia de numerosas consultas. Me gustaría
mencionar solamente dos puntos que siento son muy
importantes para este nuevo campo de esfuerzos,
un campo que sin duda atraerá a muchos estudiantes
bahá'ís.
En primer lugar, de acuerdo a las enseñanzas
bahá'ís, la mente y el corazón
no deben estar en guerra entre sí y no debe
existir ninguna contradicción entre la emoción
humana más sublime y la disciplina más
estricta de una mente bien capacitada y educada.
Por lo tanto, no hay razón para pensar que
una comunidad intelectual de estudiosos y estudiantes
bahá'ís no esté gobernada por
el mismo espíritu de amor, bondad, paciencia,
autosacrificio, comprensión, compasión
y humildad que deben caracterizar a las comunidades
bahá'ís en general. Específicamente
se espera que los estudiosos bahá'ís
eviten la arrogancia, que tan a menudo aflige a
las comunidades intelectuales como una enfermedad
contagiosa, y que se practique la humildad verdadera
en su más alto grado.
Aunque se me acuse de estar hablando en forma totalmente
emotiva y que los eventos de nuestro mundo contemporáneo
contradigan consistentemente mi punto de vista,
creo firmemente que este es el, tiempo cuando las
promesas del pasado se cumplan: los humildes heredarán
la tierra. Les recomiendo mucho esta convicción
a todos los que deseen dedicar sus energías
al bienestar de la gran mayoría de los seres
humanos que ahora viven bajo las condiciones materiales
más penosas. Los humildes y los pobres son
aquellos que han sido humillados a lo largo de los
siglos por los poderosos y los arrogantes; y aquellos
que los han humillado no han sido opresores cabales.
Miles de personas en todo el mundo toman decisiones
importantes cada día supuestamente para el
beneficio de las masas, sin conocer la condición
real de ellas o sin tener verdadera sensibilidad
sobre las necesidades y aspiraciones de las masas.
Se aprueban leyes, se firman acuerdos, se movilizan
recursos y se deciden políticas económicas
y sociales, todos por el bien de los pobres y casi
todos con la arrogancia y seguridad de aquéllos
que simplemente no entienden qué es ser pobre.
El mundo necesita una nueva generación de
mentes bien educadas que se dediquen al bienestar
de la comunidad pero que también vean las
cosas desde el punto de vista de los humillados,
que aprendan a no ignorar sus sentimientos, sus
frustraciones y sus aspiraciones y, luego usen el
conocimiento, con toda la excelencia requerida,
para buscar en forma sistemática las estrategias
para alcanzar niveles cada vez más altos
de bienestar espiritual y material. Utilizar las
penosas condiciones en que se encuentra la gran
mayoría de los habitantes de esta tierra
para construir casos y teorías que sean estudiadas
en las cómodas instalaciones de las universidades
occidentales, para ofrecer una creciente variedad
de grados a una sociedad hambrienta de títulos,
ocupar los cientos de puestos que ofrece el popular
campo del desarrollo (que trata a la pobreza desde
el punto de vista de los ricos), es con seguridad
un acto de orgullo que los estudiosos y estudiantes
bahá'ís deben negarse a cometer.
En segundo lugar, los cientos de materias y ramas
del conocimiento que están íntimamente
relacionados al desarrollo no son, por lo general,
teóricos. Aunque un fuerte componente de
conceptualización debe acompañar a
todos los proyectos, las estrategias y los conceptos
deben tener sus raíces en la acción
dentro del contexto de procesos bien definidos del
desarrollo de poblaciones específicas. Por
lo tanto, una de las primeras tareas a emprender.
es el fortalecimiento de los procesos de educación
universal que ya se encuentran en marcha en varias
regiones a lo largo del mundo. Algunos ejemplos
de regiones apropiadas donde se debe expandir y
fortalecer la educación universal son en
América del Sur: la región alrededor
de Otavalo en Ecuador; Cali en Colombia; Temuco
en Chile; Puno en Perú; ciertas áreas
de Bolivia y muchas áreas de Haití
relacionadas con la Escuela Zunúzí.
Los estudiosos bahá'ís que trabajan
en los diferentes aspectos de desarrollo deben relacionarse
con estas regiones e involucrarse en algunos de
los procesos de su desarrollo. La tarea esencial
es establecer un proceso de aprendizaje que acompañe
todas las actividades de los proyectos que se llevan
a cabo con estas poblaciones. Un proceso de aprendizaje
que continuamente evalúe las diversas experiencias
e incorpore sus resultados a un cuerpo de conocimiento
en rápido crecimiento que luego se disemine
en todo el mundo bahá'í. Este mismo
proceso de aprendizaje y las regiones específicas
con las que está relacionado puede usarse
como un contexto concreto dentro del cual los estudiantes
bahá'ís se eduquen y reciban guía
para la consecución de grados y profesiones
apropiados. Los asuntos que este proceso de aprendizaje
deberá aclarar para la comunidad bahá'í
son muy numerosos y sólo mencionaremos aquí
algunos a manera de ilustración.
¿Cuáles son las implicaciones de
los sistemas de producción y de la tecnología
que los acompaña utilizados por los campesinos
de la región para el bienestar de la población?
¿Cuáles son los cambios que sufren
estos sistemas en la medida que la llamada modernización
influye en la población?. ¿Qué
le está sucediendo a la diversidad tradicional
de cultivos y de crianza de animales en la región?
¿Cómo podemos contrarrestar los procesos
de desintegración que la modernización
trae invariablemente consigo a estas regiones sin
convertirnos en defensores románticos de
las tradiciones y sin perder de vista el hecho de
que la Fe Bahá'í prevé una
sociedad altamente sofisticada y materialmente avanzada
para el futuro?
¿Cómo se va a organizar el sistema
de mercado dentro de una aldea bahá'í
y dentro de una región dada y cuáles
son las interacciones correctas de los productores
con el mercado? ¿Cómo incrementamos
la productividad sin ayudar sólo a unas pocas
familias más progresistas de cada aldea y
cómo podemos asegurar una distribución
justa de los beneficios de nuestros proyectos de
desarrollo? ¿Podemos diseñar mecanismos
mediante los cuales se canalice una porción
del incremento en el ingreso de ciertas familias
hacia los proyectos para el beneficio de toda la
comunidad, mecanismos que no lleven a ciertos comportamientos
políticos como se ven, por ejemplo, en muchos
movimientos cooperativos?
¿Cuáles son los sistemas y mecanismos
para el flujo de información dentro de poblaciones
diferentes? ¿Cómo han cambiado históricamente
y cómo les afectan los medios de comunicación
modernos? ¿Cómo se puede usar algunos
de estos mecanismos para diseminar el conocimiento,
evaluar las necesidades y establecer un intercambio
de experiencias entre las diferentes aldeas de una
región?
¿Cuáles son las tecnologías
usadas en los diferentes procesos de vida: las herramientas,
los procedimientos y la organización? ¿Cuáles
son las implicancias sociales del cambio tecnológico
cuáles son las instituciones y las personas
que llevarán a cabo este cambio? Bajo la
guía de las Asambleas Espirituales Locales
como las instituciones encargadas de mantener la
unidad, justicia y el bienestar espiritual dentro
de la aldea, ¿cuáles son las otras
estructuras que se debe crear para hacer práctica
la participación de los aldeanos en sus propios
procesos de desarrollo?
¿Cuáles son los mecanismos para fortalecer
la estructura familiar?. ¿Cómo se
educa a la familia para que eduque a los niños
especialmente durante la etapa preescolar? ¿Cuáles
son las implicancias del principio de la igualdad
de hombres y mujeres con respecto de esta importante
función en términos prácticos
y dentro del contexto de un estilo de vida de la
aldea? ¿Cuál es el rol de la comunidad
en su totalidad en la educación de los niños
y cuáles son las estrategias que debe adoptar
la comunidad y cuál es la estructura correspondiente
que debe establecer?
¿Cómo debe tratar la aldea las cuestiones
de salud, nutrición y salubridad? ¿Debemos
aceptar los esquemas prevalecientes de cuidados
de salud usados por los trabajadores de salud y
las postas de las aldeas o debemos buscar sistemas
de cuidado de salud más elaborados?
¿Cuál será la estructura de
los servicios educativos ofrecidos a las familias
de la región? ¿Cuál es el rol
de la escuela en el desarrollo de un área
rural? ¿Cuáles son las características
de los recursos humanos necesarios para el desarrollo?
¿Cuáles son las dinámicas educativas
a establecerse en cada aldea que lleven a la formación
de tales recursos humanos? ¿Cuáles
son el contenido y los métodos de una educación
nueva? ¿Qué metodología usaremos
para desarrollar gradualmente este contenido nuevo?
Definitivamente, no podemos sencillamente transplantar
conceptos y currículos desarrollados en otro
lugar, especialmente aquellos creados bajo las,
condiciones totalmente diferentes de los países
de Europa y Norteamérica.
¿Cuáles son los métodos y
contenidos de los procesos de educación de
la comunidad aparte de aquellos del sistema educativo
formal? ¿Cómo vamos a guiar a personas,
que tradicionalmente han sido guiadas por otros,
para que se hagan cargo de sus propios asuntos respecto
de la religión, la cultura, la producción,
la organización y la administración
de la salud y la educación? ¿Contamos
con algún esquema que pueda utilizar, digamos,
la Fiesta de 19 Días cómo el lugar
donde se tomen los pasos iniciales básicos
en educación para la participación?
La lista de preguntas podría continuar tocando
asuntos generales o cuestiones sobre métodos,
materiales y conceptos específicos, Lo esencial
es recordar que estas preguntas no serán
respondidas sólo mediante el pensamiento
y los argumentos en forma aislada de la realidad
de las poblaciones específicas y sin el beneficio
de su participación. La tarea de los estudiosos
bahá'ís será examinar los asuntos
dentro del contexto de programas de acción
concretos y para ayudar a construir un cuerpo de
conocimientos y experiencias en expansión.
Por supuesto, esto lo tendrán que hacer a
la luz de la Palabra revelada y las enseñanzas
espirituales de la Fe Bahá'í, que
brinda a todo el esfuerzo dirección, significado,
marco conceptual, así como el ímpetu
y la motivación espirituales.
NOTAS:
[1] Bahá'u'lláh, Pasajes de los Escritos
de Bahá'u'lláh, Pág.12
[2] Shoghi Effendi, La Meta de un Nuevo Orden Mundial,
página 9.
[3] Ibid, Págs. 11-12
[4] Shoghi Effendi,El Desenvolvimiento de la Civilización
Mundial, Págs.1-2
[5] Ibid, Págs 5-6
[6]Bahá´u'lláh, Pasajes de los
Escritos de Bahá'u'lláh, páginas
11-12.
[7] Ibid, páginas 12-13
[8] Shoghi Effendi, El Desenvolvimiento de la Civilización
Mundial, página 7.
[9] Shoghi Effendi, El Día Prometido ha Llegado,
páginas 172- 173.
[10] E.F. Schumacher, Small is Beautiful (London:
Abacus, 1974)
(*) Miembro de la Casa Universal de Justicia, institución
máxima de la Comunidad Internacional Bahá'í.
Doctor en Ciencias. Autor del libro "La Senda
del aprendizaje en Latinoamérica: Opción
moral", entre otras publicaciones.
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