| Limitación
de la Riqueza y la Pobreza
por Gloria Faizi
"La Fe Bahá'í", p.74
La
igualdad absoluta, en lo que a riqueza se refiere,
es imposible porque la capacidad y el gusto de la
gente son distintos. El orden del mundo se vería
trastocado si se nos obligara a ser iguales. Pero
Bahá'u'lláh nos enseña que
la sociedad no debe permitir extremos de riqueza
ni de pobreza. Con respecto a esto, Él ha
enunciado ciertos principios económicos generales
que, como tantas otras de sus enseñanzas,
van siendo gradualmente aceptados por mucha gente
sensata.
Ya ha sido mencionada la importancia del trabajo
en todo individuo físicamente capaz. Para
un bahá'í, el trabajo es una obligación
religiosa, y cuando se trabaja con la idea de servir
a otros, se lo considera una oración. La
sociedad no debe permitir que ricos o pobres ociosos
vivan del trabajo de otra gente.
Bahá'u'lláh sostiene el principio
de la tributación regulada. Cuando una persona
gana lo justo para una vida cómoda, no debe
pagar impuestos; pero si sus ingresos exceden sus
necesidades, deben pagar al fisco el porcentaje
de impuestos sobre el exceso de gastos extras. Por
el contrario, si un hombre, por enfermedad, infortunio
u otra razón extrínseca no pueda proveerse
de los medios necesarios de confort para sí
y su familia, deberá ser ayudado por el erario.
No debe permitirse que ningún ser humano
viva por debajo de ciertos límites.
Asimismo, Bahá'u'lláh ha establecido
algunas reglas referidas al capital y al trabajo.
Dice que un trabajador, además de su sueldo,
debe recibir un porcentaje de las ganancias del
capital. Así lo explica 'Abdu'l-Bahá:
"Los dueños de propiedades, minas
y fábricas deben compartir sus rentas con
sus empleados, y dar un justo porcentaje de las
ganancias a los que trabajan para ellos, de manera
que los empleados puedan recibir, además
de sus salarios, algo de la renta general de la
fábrica, y así el empleado se dedicará
con toda el alma a su trabajo". (BNE 174)
Los gobiernos del mundo deben organizar un equipo
especial de gente abocada a esta cuestión,
que tenga en cuenta tanto los derechos de los trabajadores
como de los capitalistas:
"Estos deberán planear con la más
grande sabiduría y poder, de modo que ni
el capitalista sufra enormes pérdidas ni
los obreros caigan en la miseria. Deberán
dictar la ley dentro de la mayor moderación,
y luego anunciar al público que los derechos
de la gente trabajadora serán firmemente
preservados; también deben ser protegidos
los derechos de los capitalistas. Cuando un plan
general como éste sea adoptado por la voluntad
de ambas partes, y ocurriese una huelga, todos los
gobiernos de mundo habrán de resistirla colectivamente".
(BNE 174)
Aunque las leyes sociales son necesarias para regular
la riqueza, Bahá'u'lláh sostiene que
el problema económico es , esencialmente,
un problema espiritual. Cuando hay hambre y pobreza
en el pueblo, es seguro que existe una tiranía.
El rico debe estar dispuesto a dar voluntariamente
de su abundancia, con amor y compasión hacia
sus semejantes y no porque sea obligado a hacerlo.
Cuando la gente tome conciencia de los valores espirituales
de la vida y sienta un lazo de unidad con el resto
de la humanidad, no pretenderá acumular riquezas
mientras haya necesitados.
'Abdu'l-Bahá nos asegura que esta distribución
voluntaria de la riqueza se hará realidad:
"En el futuro no les será posible
a los hombres el amasar grandes fortunas a costa
de la labor de otros. Los ricos compartirán
su riqueza de su propia voluntad. Llegarán
a esto gradual y naturalmente por propio deseo.
Jamás será conseguido por medio de
guerras y derramamiento de sangre". (BNE
173)
Translated by EBILA
BNE- Bahá'u'lláh y la Nueva Era
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